"El Estado está retrocediendo”: Graciela Collantes sobre trata, prostitución y gobierno actual

 


La usaron, la callaron y la abandonaron. Aun así, Graciela eligió vivir, maternar, resistir y hablar para que ninguna otra niña, mujer o compañera trans pase por lo que ella pasó.
 
 Por Daniela Ruiz  V.
 


 Es noviembre en Tucumán, y mientras la mañana se vuelve más suave, ella se acomoda frente al Zoom con el mate en la mano. Entre los quehaceres apurados del día, aparece con esa presencia firme y silenciosa de las mujeres de territorio: piel marrón, mirada profunda, una historia que se carga en el cuerpo antes de pronunciar una sola palabra.

Graciela Collantes nació en Tucumán, en un contexto social atravesado por la pobreza. Creció en una familia que no la acompañó y, en esa vulnerabilidad, fue captada por el sistema prostituyente. “Pensé que había encontrado a la persona que me iba a ayudar y terminé parada en una esquina”, relata en su libro. Ese hombre —su proxeneta— la dejó embarazada y utilizaba a su hija como rehén para impedir que escapara. Pero incluso bajo hostigamientos, golpes y amenazas,

Graciela siempre sacó una fuerza que no sabía que tenía: la de resistir, reclamar derechos y no perder su dignidad .Esa fortaleza la llevó, años después, a convertirse en una de las fundadoras de AMMAR Capital y luego de AMADH (Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos), organizaciones claves en la defensa de las mujeres y diversidades en situación de prostitución y de trata. Desde allí, Graciela y sus compañeras lograron no solo transformar sus propias vidas, sino también incidir en las políticas públicas y en la manera en que la sociedad mira estas violencias históricamente silenciadas.

Su recorrido la convirtió en una referente indiscutida. Militante social, feminista, periodista de investigación formada en la Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo, mujer de territorio y de lucha cotidiana. Hoy es reconocida como Personalidad Destacada en el ámbito de los Derechos Humanos por la Legislatura porteña, un reconocimiento que honra una vida entera de resistencia, organización y acompañamiento a otras mujeres y compañeras trans atrapadas en el mismo sistema que ella logró enfrentar.




— Sobreviviste a la explotación sexual y lograste transformar ese dolor en militancia. ¿Qué momento marcó el punto de quiebre en el que decidiste alzar la voz públicamente?

GC:No sé en qué momento hice el click. A pesar de que estuve 16 años de mi vida en ese sistema, fueron varios sucesos los que me llevaron a levantar la voz. Priorizaba que mi hija no pasara hambre, que tuviéramos un techo y que no anduviéramos en la calle. Y esa vulnerabilidad —que después, con los años, entendí que el sistema se aprovecha de eso— me marcó mucho.Después me resistía al sistema de la prostitución, porque decía: “No quiero esto, porque si yo sigo aceptando esto, posiblemente mi hija también termine parada en una esquina”. Y me decía a mí misma: “Pongo mi cuerpo, pongo todo, pero no quiero esto para mi hija”. Todas las noches me acostaba pensando en cómo salir de eso, porque en ese momento mi hija tenía 14 años, y el destino de ella iba a ser el mismo que el mío. Fue ahí el quiebre más grande que tuve, y no tenía las herramientas para salir. Las personas en situación de prostitución no teníamos las herramientas… el saber de derechos. Todo era muy aterrador, porque si me permitía agarrar a mi hija y tratar de escaparme de ese sistema —que es muy perverso— sabía lo que me podía deparar el destino. Es por eso que digo: soy una sobreviviente verdadera, porque estoy viva y sobreviví a eso.

- ¿Entonces fueron varios quiebres?

GC:  Varios… Otro quiebre que me ayudó mucho fue en la escuela de mi hija. Ella lloraba por los maltratos que sufría su madre, y un día le preguntaron: “¿Qué pasa?”. Los de la escuela empezaron a investigar, y yo me encontraba desorientada, con la desesperación de no saber qué hacer.Y dije: “Acepto lo que estoy viviendo, pero a mi hija trato de protegerla”.
Me decían: “Usted, señora, está siendo cómplice de los maltratos a su hija”. Cuando, al contrario, yo también era una víctima. Explicar lo que era la explotación sexual y la trata de personas era muy difícil, porque en ese tiempo no se hablaba de esas cosas. Mi hija les decía a los directores: “No quiero que mi papá le pegue a mi mamá”. Y trataban ese tema únicamente como violencia intrafamiliar. Por eso es tan importante que se hable sobre la trata y la explotación sexual a nivel educativo: lo que significa para una mujer, una persona trans o alguien con vulnerabilidad. Una viene arrastrando situaciones de violencia desde la niñez y la juventud, y muchas de nosotras no estamos preparadas.

— Hablás de personas trans y mencionás en varias notas a la activista Lohana Berkins. ¿Es así?

GC: Cuando pude desprenderme y estar en una supuesta libertad, conocí a otras compañeras que pasaban la misma situación que la mía. Compañeras con las que hablábamos el mismo idioma y decíamos: “Queremos salir de esto”. Porque en esa época de los 90 vos te escapabas del proxeneta, llamabas a la policía y te devolvían al proxeneta porque tenían arreglos con ellos. Era —y es— todo un sistema.Y entre esos años conocí a Lohana, una compañera a la que le debo mucho, porque ella metió esa conciencia de lucha que yo venía arrastrando. Yo me resistía, pero necesitaba alguien que me diera aliento y me dijera: “Hasta acá llegué”, y romper con los miedos.Con Lohana conocí el abrazo: “Déjame que te abrace”. Yo era muy resistente a los besos y a los abrazos, no estaba acostumbrada, y ella era cariñosa. Me acuerdo de que me abrazaba y me decía: “Compañera, usted puede, usted es fuerte”. Ella conoció a mi hija. Los primeros regalos para mi hija fueron de ella y de mi nieta. Tengo la bañadera y varias cosas más… esas cosas que son demostraciones de familia. Ella me enseñó a valorar lo que, en un mundo de violencia como el sistema de la prostitución, se pierde. Imaginate vos…


Graciela Collantes y Lohana Berkins - Documento Archivo AMADH (Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos).



— Han pasado varios años desde que comenzó a visibilizar el tema. ¿Cómo describiría hoy la realidad de las mujeres y diversidades que atraviesan la trata o la prostitución en Argentina?

GC: Creo que entre los años 2020 y 2023 pudimos trabajar con un avance muy grande en las políticas públicas específicas para personas en situación de explotación y trata de personas con fines de explotación sexual. Muchas mujeres y compañeras trans que habían sido explotadas entendieron lo que era el sistema de la prostitución.Desde las organizaciones se trabajó mucho para abrir espacios. Me costó mucho debatir ese tema, hablar con más de 100 funcionarios que no entendían y decían: “La ley habla de trata de personas y explotación sexual”. Pero para mí y para muchas de nosotras, la prostitución iba por otro lado: era pensar en la sobrevivencia de la prostitución, porque la mayoría de las compañeras había quedado ahí porque no había otra alternativa. Cuando una naturaliza la prostitución, tiene que pasar muchas cosas y experiencias para desnaturalizar y poder incluirte.Y las personas que quizás no tienen a un tipo que las controle también son explotadas por el mismo sistema.



— El gobierno actual, ¿está dando respuesta a las víctimas de trata? ¿Qué medidas urgentes se necesitan?

GC: Nos conformábamos con que nos devolvieran las políticas públicas que habíamos logrado en estos últimos años. Estábamos trabajando para un programa específico para personas víctimas de trata, explotación sexual y la sobrevivencia de la prostitución. Sin embargo, esos programas hoy no están. Esas políticas eran muy necesarias. Porque vos llamabas a la línea 145 o a algún programa focal, pedías ayuda y había respuesta. Desde que desaparecieron estos programas, cuando asumió este gobierno…Todos los allanamientos donde se sacaba fruto de la explotación sexual para la prostitución: ese dinero tenía que ser devuelto a las víctimas. Si en un prostíbulo había un allanamiento y había 10 víctimas, todos los bienes adquiridos —los frutos de la prostitución— tenían que ser devueltos. No era para el Estado. Eso está por ley y por decreto.Cuando asumió Milei, este gobierno de derecha directamente lo sacó, lo reformó para que esa ganancia vaya al Estado. Me parece terrorífico, porque es volver a darle herramientas a los proxenetas. Y el gobierno está haciendo funcionar al proxenetismo porque quiere vivir de eso: de las violaciones de los cuerpos de las mujeres.



— ¿Cómo sentís que los medios tratan actualmente el tema de la explotación y la trata? ¿Notás algún cambio?

GC: Creo que los medios, cuando hay una noticia, están en permanente información con ese tema, digo 24 horas. El caso de Lara, Morena y Brenda —las tres chicas— y lo que pasó con el “narco proxenetismo”, como le decimos nosotras, no lo tocaron con la profundidad necesaria. Nadie se acuerda de Lara.Los medios se acordaron para poner el tema, y por ese lado está bueno que la sociedad se entere. Pero acá las que están pagando son las más pobres. ¿Por qué? Porque en un país más pobre las mujeres y las travestis quedan más vulnerables.Hoy las redes de trata operan con más tranquilidad. No solo van a una provincia: también captan por redes sociales. Ponen un anuncio, buscan modelos… Entrando a internet hacen captación. Y la sociedad tiene que entender que esto nos puede pasar a todas. Hoy nadie se escapa.

— Si pudiera diseñar una campaña educativa nacional para prevenir la trata, ¿qué mensaje central tendría?

GC: Estoy horrorizada, no tengo esperanza con este gobierno. Solo vino a arrasar con todas las políticas sociales y este negacionismo que tiene, que no existe la violencia cuando te están matando. No solo por sus propuestas y el trato que tiene hacia mujeres, travestis y trans. Esto generó una contradicción con nuestro colectivo. Este gobierno nunca reconoció la lucha, ni siquiera escuchó a una sobreviviente. El sistema está captando cada día más a las más jóvenes y a las más niñas, naturalizando que podés vender tu cuerpo, tus órganos…Hoy se están naturalizando cosas que no hay que permitir. Hay que educar para que no pase. A nosotras nos costó años hablar de la tortura, de lo que se sufre adentro de los prostíbulos y las secuelas que deja.No esperemos que pase. No esperemos que el gobierno lo resuelva. Tenemos que resolverlo nosotras en los territorios. Tenemos que discutir, prepararnos para enfrentar lo que viene. Y si mañana te pasa a vos, ¿qué hacés?

— En los últimos años crecieron los feminismos y movimientos LGBTIQ+. ¿Cómo ve la relación con la lucha de las sobrevivientes?

GC: Cuando hablamos de violencia de género, tenemos que pensar que es amplia. En eso entra también la prostitución. Y no crean que llamándolo “trabajo sexual” ya resolvieron la vida, porque es lavarse las manos. El movimiento tiene que estar fuerte. Hoy tenemos que abrazar todas las luchas y dejar de pensar en el individualismo. El territorio demanda otra cosa. No hay tiempo. Tenemos que estar más unidas y pensar en la lucha de las sobrevivientes.Si nosotras estamos denunciando lo que pasa en prostitución, todos los sectores del movimiento también tendrían que hacerlo. Si tuviera tiempo, con todo lo que demanda, acompañaría a los jubilados, me involucraría en todo, porque todo es transversal.


— ¿Vos seguís integrando la asociación AMADH? ¿Cómo está la organización?

GC: Sí…Nuestra organización había logrado articular con programas sociales —que no son planes—, que en un principio ayudaba a correrse del prostíbulo, de la esquina, y tenían puntos focales sobre trata. Aprendimos, como dice la ley, que no es solo asistencia a las víctimas, sino acompañamiento. Hoy lo hacemos como organización. Nos sentimos devastadas, porque una víctima necesita asistencia psicológica, médica, económica, y no nos podemos hacer cargo. Pero igual estamos, porque sabemos la necesidad. Vos llamás y no hay psicólogo porque no le pagan. Llamás a un trabajador social y tampoco le pagan. No hay programas específicos. Nuestra organización dice: “Nuestra preocupación se hace más pesada cada día”. Siempre creí en un Estado presente, pero siento que ahora se nos cagan de risa.

— Después de todo su recorrido, ¿qué sueños o desafíos le quedan por cumplir?

GC: Creo que esta organización de sobrevivientes contra la explotación sexual y la trata de personas —y sobre todo la sobrevivencia de la prostitución— sueña con que algún día no tengamos que caer en redes de explotación para poder comer. Sueño con un país más igualitario. Que no tengamos necesidad nosotras de salir a poner la cara y el cuerpo. Tengo más de 20 años de militancia y hoy siento que volvimos a batallar. Quiero que se acabe. Que la gente tome conciencia. No podemos votar a un tipo que cree que esto es Norteamérica. Tiene que ver el territorio, caminar por las calles. Sueño con un país con un Estado presente, que brinde herramientas. No vivir del Estado, porque no quiero un Estado que solo haga asistencia. En una época enseñaban en las escuelas lo que era la trata, para que niñas, niños y jóvenes sepan qué es explotación sexual, que es abuso y cuando es un acto de amor con otra persona. El mensaje que quiero dar es que la lucha me sirvió para conocer el colectivo. Mi colectivo era totalmente callado, prejuicioso, se autoboicoteaba. Hoy, teniendo las herramientas, no nos quedamos donde muchos nos quieren dejar.











 


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