Presos de la heteronormatividad
Presos
de la heteronormatividad
Norma, binorma, normatividad, normales, anormales,
ser lo normal, ser lo anormal, ser hombre, ser mujer, ser torta, ser gay. Ser
distinto.
Ser trava ¿Es ser un bicho raro porque no podemos
entrar en la “normalidad” de la “binorma”? SÍ, así nos tratan. Los que se hacen
llamar normales nos quieren encasillar dentro de una sus categorías. Quieren
que yo sea mujer, cuando en verdad yo quiero ser travesti.
Desde el minuto 0 de mi vida quisieron encasillarme
en la heteronormatividad. Me cago en la partera que me recibió cuando nací, la
que me dijo que era macho solo por mirar mis genitales. El género, la
identidad, no se lleva ni se limita a lo que hay entre las piernas. El género
pasa por mi mente, mi puta mente que piensa, analiza, percibe y vive como
travesti, como una persona de tetas con pene.
Me hicieron creer que siempre estuve equivocada.
Nadie se cansó de hacerme sentir un varoncito: ni mis maestras, ni mis
compañeros, ni las propagandas de la tele, ni mi madre cuando me levantó a
pollera para señalarme y decirme que ahí abajo no había una concha.
Las travestis somos las desconocidas de la sociedad.
No sabemos lo que es pertenecer a ella porque nadie nos ha integrado, ni
siquiera para poder acceder dignamente a un empleo. Para la sociedad somos las
pervertidas de siempre, que solo sirven para aparecer en un video porno, en
alguna producción bizarra de la tele. Somos un objeto de burla y no uno que
inspire respeto.
El puto amigo mío, cuya femineidad está aprobada
socialmente, quiere que yo sea mujer. La lesbiana amiga mía, cuya femineidad
está aprobada por su aspecto físico, no quiere que yo sea mujer. La misma
comunidad, mis propios compañeros de lucha, me discriminan y no aceptan mi
tercera posición, mi decisión de no caer en la heteronormatividad que resume
todo a hombre/mujer.
Somos el colectivo históricamente más invisibilizado
de la comunidad. Y a pesar de eso ni siquiera nos hacen visibles nuestros
compañeros porque cuando marchamos los que aparecen primero son los LG,
lesbianas y gays, no las TT, travestis y transexuales. Pareciera que tienen que
hablar ellos por nosotras, ponerse por adelante nuestro. ¿Qué pasaría si las TT
nos oponemos a eso? ¿Qué pasaría si exigiéramos una Marcha del Orgullo TTLGBIQ?
Los opacaríamos porque nosotras pensamos, hablamos, escribimos y hasta hemos
llego a militar más que otros.
Me revelo contra el patriarcado y matriarcado gay
que piensa que mis derechos y luchas son los mismos que los de ellos. Mis
derechos y luchas son los que nosotras construimos con nuestras vidas ¿O acaso
ellos vivieron lo que es ser marginada por todos? ¿Ellos vivieron ser arrojados
a la prostitución porque nadie les tendió una mano?
¡Dale! Acepto tu juego de que las nenas se vistan de
rosa y los nenes de celeste, de la Barbie y de Ken. Juguemos a que me gusta
quedarme en la cocina mientras mi hombre se va a buscar el TRAVAajo. Juguemos a
que me gusta que los hombres usen desodorante Axe y las mujeres toallitas Always.
Juguemos a que me gusta el arroz con LECHE a que me quiero casar con ese chongo
que me viene a buscar porque soy de San Nicolas, porque se tejer, porque se
bordar y porque se abrir la puerta para ir a jugar. Pero si acepto tu juego me
quedo sin voz porque el grito travesti sale de esa norma tradicional. El grito
travesti está por fuera de todo eso, es la tercera posición, es lo diferente.
A la mierda los gays, a la mierda las lesbiana, a la
mierda los negros, los blancos, todas
las etiquetas porque antes de ser etiquetas somos personas que viven y sientes.
Somos personas por las que corre sangre y energía. Somos humanos, reales y
sexuales que deben abandonar los encasillamientos que nos impone la binorma
hetero para poder sentir más allá, para poder experimentar una verdadera
libertad.
Yo no soy Daniela. Yo
no soy mujer. Yo no soy travesti. Yo soy persona



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